CREO EN LAS ENERGÍAS.
Gráficas azoteas desde donde otear en la hecatombe clavadas sobre la piel desnuda de unos ojos que pasan y que no saben nada de ese momento que no es ya.
Helechos de mentira, tiras de carne, verduras tapizadas en un plástico ambarino, genofantes conspicuos, gargantas patizambas.
Aquí hay un juego de cartas bocabajo, aquí...
Aquí las manos limpias ante los platos blancos...
Aquí las hormigas no suben por tus piernas...
Aquí la calamidad no vendrá a traerte sus cuchillos
Mientras los obreros de tu taller se retuercen de risa
Porque no son obreros ni trabajan en un taller ni se ríen.
El precio de un imperio está recortado
No sé si son hombre ni si son mujeres ni la edad que tienen,
Los pobres viejos todos somos iguales:
En una pirotecnia eléctrica nuestras vidas gastadas animadas danzando,
Eran de las que menos cosas tenían por decir.
Creo en las energías.
Una casa destartalada en el fondo de un bosque te convierte en una especie de brujo,
Vivir en las alturas de enormes rascacielos te confiere una soberbia autoridad,
Ciudades populosas te enfrentan a tu pequeñez,
El pánico de las esferas negras no existe ya fuera de tu mente,
Una nave perdida en el cosmos y tú dentro te aliaría con la sobriedad
Y ni aún así lograrías ser humilde.