Sería a finales de los años noventa cuando invité a una amiga a comer en un restaurante chino un día antes de que me hicieran una colonoscopia y entonces ella estaba amable conmigo y me hacía caso aunque luego el cerdo agridulce nos produjera a los dos ardor de estómago. Recuerdo bien ese día porque había unos contratistas suramericanos comiendo en la mesa de al lado y me parecieron unas malas personas. Ahora casi treinta años después de lo que me doy cuenta es que los contratistas suramericanos no eran malas personas sino gente muy dura y muy curtida y muy experimentada. Sucede a veces que de jovencito nos producen mucho rechazo la gente que ya tiene el culo más pelado que un mono pero luego cuando vas teniendo más años te das cuenta y siempre sucede así. Creo que yo era entonces una especie de niñato muy bueno y candoroso e inocente que realmente no sabía cómo era la vida realmente y la gente dura de este mundo por haber sufrido penalidades y sinsabores y haber conseguido el éxito después de realizar enormes sacrificios y grandes esfuerzos me parecía muy mala. Es un error de percepción que sólo se cura con los años no tanto por madurar como por comprender que la vida no es un camino de rosas para nadie. Enlazo este recuerdo con el africano que vendía bolsos pirata de imitación a marcas buenas y que se sentó a mi lado en el autobús en un pueblecito del sur de España. Este hombre parecía muy tranquilo y espiritual a pesar de haber tenido seguramente una vida dura y emanaba de él una gran paz y una gran serenidad por lo que al final aprendí o comprendí más bien que existen distintos grados de evolución en las personas y hay gente más propensa a guardar rencor que otras o incluso a sentir odio por los obstáculos que se hayan encontrado en su camino y otras por el contrario son de naturaleza buena y bondadosa y pasan por la vida haciendo el bien y a veces incluso devolviendo bien por mal pero no me gusta profundizar mucho en estos temas porque la vida de cada uno es un misterio y nunca tienes los suficientes datos para juzgar a nadie aunque a veces lo hagas llevado por tu ego sobre todo cuando pasas por etapas en esta vida que astrologicámente están marcadas por el planeta Marte y se te despierta la agresividad irracional e incluso a veces la ira y te sientes tendente a rechazar o marginar a los demás ante el más ridículo estímulo y todo ello sin saber bien por qué y entonces tienen que pasar años en tu vida y tienes que obtener un poso ante las frustraciones admitiendo que en esta vida no se puede tener todo lo que se quiere y que a veces son nuestros deseos y nuestros sueños los que nos hacen infelices para poder comprender con mayor cantidad de amor en tu corazón a aquellos que en esta vida han tenido peor suerte que tú. De todas las maneras pensar que en esta vida estamos siempre en continua evolución puede ser un error porque muchas veces lo que sufrimos es un proceso involutivo al que no podemos encontrar una explicación consciente y nos volvemos peores personas. El personaje que somos, la máscara que somos, va sufriendo en esta vida muchos cambios que muchas veces obedecen a circunstancias que están fuera de nuestro control y pensar que la vida es un misterio y que todos estamos solos como dice la canción de Madonna se vuelve un pesimismo adecuado a nuestra sensibilidad que es de una manera que no sabemos comprender, que no podemos manejar, pero que nos acerca al gran reto que significa comprender más y mejor a cualquier ser humano que se cruce en nuestro camino procurando siempre hacer su vida más dichosa y servir a veces de consuelo porque en esta vida puedes estar arriba a veces y otras veces abajo pero lo normal es desenvolverse en la más absoluta y rotunda mediocridad y admites de esta forma que la mediocridad es el estado normal del ser humano y que la genialidad y la excepcionalidad nos suceden muy raras veces.

