Todos los días y meses de pasarlo bien que no recuerdas. Todos los días de fiesta que no recuerdas. Todas las juergas, todos los desfases, toda la diversión que no recuerdas. Todos los buenos ratos que no recuerdas. El bar del Olegario casado con África que tenía una cicatriz en el cuello de la muela del juicio y trabajaba por las mañanas en un supermercado. Supermercado que con el tiempo fue una tienda de muebles donde te enamoraste de la hija de la dueña que parecía sueca y la arreglaste una escultura con mucho apoyo de tus padres para que esa mujer al menos fuera una aventura de verano pues te querían ver tus padres saliendo con alguien. Ya estabas en la universidad estudiando el primer curso de Filosofía Pura y tocaba tener una novia y una novia guapa mucho mejor. Salió mal el ligue con aquella sueca, se acabó yendo con un chico corriente, nada excepcional como eras tú. No había quién entendiera a las mujeres...¿Qué querían? ¡ Si tú lo tenías todo!
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